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martes, 4 de junio de 2013



Dos noticias: Un escupo en la cara a Michelle y huevazos  a Longueira. Me aburre hacer un juicio de si es correcto o incorrecto que alguien haga eso, así como me aburre analizar si las víctimas de estos actos son merecedores de tales agravios. Lo que más me interesa es el acto en sí, y lo que que representa.  Ambas son demostraciones de repudio, desprecio, sin otras posibles interpretaciones. Pero ¿Por qué estos presidenciables reciben huevos o escupos? Creo porque están absolutamente deslegitimados, tanto, que todo lo que dicen no puede ser más que otra mentira y parece chiste que se estén postulando para seguir haciendo las mismas tonteras. La reacción de estas personas es la victimización, su discurso no es más que autocompasión ante las agresiones
provenientes de mal educados que no entienden la democracia. Mi opinión es que como en todas las cosas importantes, las visiones miopes no ayudan en absoluto. Las personas comunes y corrientes siempre son delincuentes,  flojos, terroristas o vándalos que no  respetamos la democracia, en cambio ellos, pobres víctimas de estos salvajes terroristas.

Me gustaría que por esta vez se preguntaran qué están haciendo ellos que genera tales niveles de repudio. ¿De verdad la explicación del salvajismo es suficiente?. ¿Son ellos blancas palomas que no merecen ese trato?, y hablando de democracia, ¿qué hechos concretos han impulsado para mejorar la representatividad de la actividad política? Y ellos, que no son salvajes, ¿cuánto han escupido a todos los chilenos desde 1990? Si ellos no fueran igual o más limitados que las personas que utilizan estos medios para expresarse, quizás nunca hubiese habido escupos o huevos  y podríamos hablar de las verdaderas propuestas en los noticiarios. Todo lo que les esta sucediendo es producto de sus propios actos en el pasado, si no logran ver esto, no veo cómo se podría sanar ese país enfermo. 

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