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miércoles, 3 de abril de 2013

Yo fantaseo con ella


Esto de bloggear es nuevo para mí, y debo decir que es bastante entretenido, aunque sé que no mucha gente lee lo que está puesto aquí.  Hay algo positivo en bajar las ideas, ordenarlas y ponerlas por escrito en un medio que debiera conservar estos pensamientos para siempre. Me he propuesto hacer un blog liviano, con entradas cortas que no aburran, clarito, fácil de entender, sin pretensiones, que se trate más bien sobre todo y nada.  Y es que Internet está lleno de personas que creo se consideran inteligentes y se sienten con la necesidad de poner solo cosas muy interesantes, profundas e intelectuales  que reflejen que fueron a la Universidad, y el medio más obvio para eso es la queja (admito que es tentador porque quienes me conocen saben que soy un quejón).
La queja es necesaria  ya que todo puede ser mejor, y abunda la gente que lo hace bien, gente que expresa mi sentir u otro sentir pero que tiene más talento para decirlo por lo que se enriquece o modifica el punto de vista que yo pueda tener. En el otro lado dela moneda existen los que tienen mucha tribuna y gozan de fama y respecto pero que cada palabra que sale de ellos me parece una tontera de proporciones, opiniones e ideas indefendibles que me han hecho pensar que no soy tan tolerante como pienso, que mi mente no es tan abierta como para asumir que otro piensa distinto. Para dejar de sentirme mal por esto,  he transparentado mis sentimientos  y decidí aceptar que este tipo de  personaje no solo está  derechamente equivocado, sino que además como persona es un mierdon pelotudo que no merece mi respeto. Así es, ahora me permito sentir odio y desprecio por lo que otro opina. Un ejemplo? Poner nombres aquí transgrediría los límites de buena onda que me he impuesto para este espacio, pero estoy seguro de que todos podemos pensar en alguien. Busquemos a ese personaje que odiamos solo por lo que dice, que queremos quitarle el derecho de expresarse, y de ser parte de nuestra sociedad, todos podemos, liberemos ese enojo, dejémonos fantasear  con golpearlo, imaginemos cuanto mejor sería el  mundo libre de él.  La única condición,  obviamente, y que quede claro, es no salir de la fantasía o de otro modo nos transformamos en la misma escoria que odiamos. 

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